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Storybook Story


El libro de la Super Bowl LX acaba de cerrarse, es ya historia. Los Seattle Seahawks han destrozado de manera inmisericorde a los New England Patriots. El resultado final, 29-13, no refleja la superioridad final. El 4º cuarto sobró puesto que se había llegado con una ventaja de 19-0. Sólo cuatro equipos han sufrido en el pasado semejante castigo de llegar a esas alturas sin estrenar su marcador. Y pudo ser incluso aún peor. No ha sido la Super Bowl más emocionante, todos hubiéramos deseado que se hubiese decidido en la última yarda, en el último segundo, pero todas son especiales.


El confetti baña suavemente a los protagonistas de la noche. Se bambolea juguetón al son del aire del Pacífico que llega hasta Santa Clara húmedo, empapándolo todo de una alegría intensa. En el podio olímpico recibe el Lombardi Trophy la propietaria de los Seahawks Jody Allen, hermana del difunto dueño y cofundador de Microsoft, Paul Allen. Junto a ella el General Manager John Schneider, único arquitecto de dos anillos con un head coach, quarterback y una plantilla, un roster, completamente distintos. También está la mente estratégica que hizo todo posible, el HC Mike Macdonald, el tercero más joven en conseguirlo, el mayor responsable de que los húmedos colores verde y azul marino pinten esa noche el estadio rojo y oro de sus rivales, los 49ers.


Y finalmente, la representación de los jugadores, comenzando por el MVP del partido, el corredor Kenneth Walker III, histórico, ya que desde 1998 cuando lo consiguió Terrell Davis para los Broncos, ningún otro running back lo había logrado. Si no le llegan a echar para atrás por un holding claro su touchdown, hubiera conseguido cifras legendarias.


Por último, el QB Sam Darnold, Cinderella Man, el trotamundos protagonista del final de su propio cuento de hadas, el único QB campeón tras pasar, errar más bien, por cinco equipos.  Por dentro se debe de sentir como Tim Robbins en "Cadena Perpetua": brazos en cruz, ropa al viento, salvajemente redimido tras escapar de la prisión de Shawshank, bebiendo sediento su libertad de la lluvia, hoy confetti. Le limpia el cuerpo, húmedo, como el del recién nacido que realmente es, de la inmundicia, y también su alma, de la tragedia y la injusticia.


Las ofensivas son más sexys y por eso están ellos arriba. Eso lo sabe Darnold, como sabe que hoy no ha sido el héroe principal. Humilde y sobrio, con sus palabras, aparte de agradecer el excelente juego coral del resto de sus compañeros, con justicia, pone el foco, baña con luz la noche como si de Gotham se tratara, la unidad verdaderamente responsable de la victoria, la defensa de Seattle. The Dark Side, la cara oculta del equipo, que, desde las sombras, abajo en el emparrillado, agradecen los elogios; los héroes que este equipo merece, pero que ahora mismo no necesita.


Un final de Super Bowl siempre es un cuento de hadas hecho realidad. Para explicar mejor este partido haré uso de la famosa persecución de Wesley en pos de su amada Buttercup. Se enfrentará al hábil espadachín español, al gigante André y al astuto Vizzini. Los tres duelos consecutivos, cronológicamente invertidos, ayudarán a ilustrar algunos pilares de la estrategia del football: engaño, fortaleza, equilibrio y adaptación.

 

Iocaina

El duelo a muerte entre los dos HCs, los dos Mikes, Vrabel y Macdonald, ambos maestros defensivos, definió el tablero. Ambos escogieron un veneno para acabar con su adversario, para embaucarlo. El engaño, no lo olviden, está presente en cada pulgada del emparrillado. En este caso no fue excesivamente grande, era hasta esperado, pero matizado, como la iocaina de Vizzini.


La mejor defensa es un buen ataque, o eso es lo que se dice. Muchos le atribuyen la cita a Sun Tzu, pero lo que realmente dijo fue que el ataque es el secreto de la defensa; la defensa es la planificación de un ataque. Los dos entrenadores llevaron esta máxima a su enésima potencia. Los dos usaron la defensa como su arma de ataque más mortífera.


Vrabel a este reto llegó sintiéndose inferior, sus actos le delataron. Basó toda su estrategia en dos puntos. Por un lado, porfiar en el uso masivo del blitz, el intento de cazar al QB con jugadores de segundas líneas. Por otro, en el buen hacer de sus cornerbacks, los encargados de cubrir a los receptores, usando mucha cobertura individual. El esquema los puso en el punto de máxima presión. Tuvieran el partido de sus vidas, pero no fue suficiente.


Su apuesta era conseguir que Sam Darnold viera fantasmas, como en aquella lejana noche de 2019, donde su calvario comenzó gracias a Belichick, el entrenador totem de los Patriots. Necesitaban recuperar el football, turnovers, porque sabía que su ofensiva era inferior a The Dark Side.


Consiguieron la mitad de sus objetivos. Jugaron un excelente partido defensivo, acumulando jugadores en la LOS en cuanto se llegaba a tercer down o a una jugada clara de pase. Se doblaron sin romperse toda la noche. Incordiaron y presionaron a Darnold sin descanso, lo frenaron, pero no consiguieron más.


La defensa no fue la punta de lanza como soñaba Vrabel, pero con Christian Gonzalez a la cabeza, en varias acciones acrobáticas, sobre el receptor estrella Jaxon Smith-Njigba, un poco desaparecido, usado de señuelo, evitó que Seahawks cerraran pronto el encuentro. Si Darnold hubiera sido un poco más preciso, sólo unos milimétros más, la actitud suicida de los Pats hubiera acabado con ellos en el segundo cuarto.

Ahora le toca el turno a Macdonald y a la jugada maestra que acabó con la partida. Todo en esta Super Bowl lleva irremediablemente al agua. La voz susurrante de Bruce Lee casi parafraseando a Sun Tzu, va y viene como el oleaje tranquilo de una noche de verano: sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en taza. El agua puede fluir o puede chocar. Sé agua, amigo mío. Nadie podría haber definido mejor la defensa de Macdonald.


En la previa explicaba el camaleonismo de su defensa. Un frente de cuatro, con cinco (nickel) o seis (dime) en cobertura, donde cualquiera hace de todo. Con los linebackers de bisagra fina, su cobertura es como el agua, imposible de predecir, capaz de atacar el punto más vulnerable con la fuerza de un maremoto.


Y así decidió aplicar Macdonald la iocaina en forma de su cornerback estrella. Devon Witherspoon, fenomenal en cobertura, más abierto este año, seguro que condicionado por el estado del renqueante Nick Emmanwori, partiendo del slot, fue el elegido para ser la daga en forma de blitzes que acuchillaron al QB Drake Maye. Seahawks no se prodiga en estas lides, pero es muy eficiente. En los dos primeros cuartos, y de manera sistemática, sin oposición contraria, no pararon de ejecutarlos.


Josh McDaniels, el coordinador ofensivo de Patriots, fue ciego espectador. Ahogado, incapaz de ver como el agua se trasforma en bisturí, no hizo nada para evitarlo. Vizzini, envenenado, cae fulminado.


Aparte del blitz, el resto de su arsenal, stunts, donde dos jugadores de la línea defensiva intercambian sus posiciones, presiones simuladas, donde jugadores que parecen ir a por el QB, caen en cobertura, y sus coberturas cambiantes, impidieron el más mínimo avance de Patriots. Y todo con una DL de cuatro infranqueable. Ni por tierra ni por aire. Ni con Maye ni sin él. Los maestros de la ilusión. Durante el partido conseguirían una miríada de sacks, hits y presiones, un par de fumbles y la intercepción final. Pirotecnia por doquier.

 

André el Gigante

Sun Tzu decía que el agua evita las alturas y se precipita hacia abajo; en la guerra, el camino es evitar lo que es fuerte y atacar lo que es débil. En la gran final vimos a la defensa de Patriots cayendo en tromba una y otra vez sobre la línea ofensiva y sobre Darnold, dejando su espalda desguarnecida jugando a la ruleta rusa.


El coordinador ofensivo de Seahawks, Klint Kubiak, en el primer drive, el que viene diseñado de cabo a rabo de casa, con formaciones más ligeras que las previstas, le dio toda su confianza a Darnold para que soltara el brazo en ventanas ajustadísimas, insuflándole aplomo y seguridad. A pesar de mover cadenas, el drive acabó en field goal y con la sensación de que habían quizás jugado muy fuerte. Llegaba la hora de fortalecer las raíces.


En ataques sucesivos hicieron lo que tan bien se les ha dado en la segunda parte de la temporada. Volvieron a formaciones pesadas, compactas, metiendo al menos dos tight ends, el receptor bloqueador grande, apoyando en protección de pase y, a la vez, permitiendo una salida de urgencia. Su TE estrella, AJ Barner fue el artífice del único TD de pase ofensivo de los del Noroeste, tras una jugada maestra con rutas cruzadas como tijeras de Kubiak, que dio la puntilla al equipo al comienzo del último cuarto.


Este frente permitió que apareciera una de las grandes estrellas del partido, Kenneth Walker III. El corredor hizo un partido maravilloso, comenzando el partido con carreras exteriores, marca de la casa del árbol de Shanahan, al que Kubiak pertenece, para ya al final percutir y golpear con paciencia y fortaleza el centro, estando ya cautivo y desarmado el exhausto frente defensivo patriota. Sus yardas terrestres fueron la sangre que perdió a borbotones el cuerpo defensivo de Massachusetts. Ágil y paciente a la vez, fuerte y ligero, equilibrado.

Estas formaciones van seguidas de la jugada de engaño que más gusta a Darnold, el play action, donde una jugada de carrera se convierte en el peor momento para la defensa, una vez que pica el anzuelo, en jugada de pase. Su socio principal fue el siempre seguro y veterano Cooper Kupp. La ofensiva de Klint consiguió el equilibrio máximo desde la fortaleza, sabiendo cuál es su punto débil, y el de su adversario, como Wesley ahogando hasta dormir a Fezzik, mientras soñaba con grandes mujeres.


Su homólogo de Boston, McDaniels, en cambio, se quedó en un punto intermedio débil, desequilibrado. Siendo la principal fuente de desasosiego y desequilibrio para su QB. Ni se atrevió a poner kilos y hombres en su OL o en el backfield para parar los blitzes, ni a hacer lo contrario, con formaciones abiertas por completo, en empty, con backfield vacío, y todos sus receptores posibles disponibles De esta manera obligas a la defensa a abrirse y no atacar tan a menudo. Si lo hiciera, el hueco dejado habría sido inmediatamente aprovechado en las llamadas hot routes por los receptores, dando escape inmediato a dicha presión.


Nada de eso salió de la pizarra del bueno, pero errado Josh. Todo el partido se mantuvo timorato, volátil, con uno de sus dos corredores en el backfield, que ni corría ni protegía, con sus tres receptores en ruta, pero a su OL de cinco completamente expuesta, sobre todo por la izquierda, con los rookies Jared Wilson y Will Campbell impotentes en la protección de Drake, que nunca dejó de estar estresado.


Cuánto se pareció al viejo Sam Darnold en sus orígenes, le vino todo enorme, pareciendo un niño inocente dentro del casco y la coraza. El cuerpo técnico malogra el talento de sus QBs demasiadas veces.

 

Me llamo Iñigo Montoya

Ojalá hubiera podido dedicar este capítulo a un duelo final igualado y emocionante entre dos enormes ofensivas comandadas por dos espadachines de lujo, intercambiando mandobles y fintas de fina factura. Pero la realidad, incluso en la NFL a veces, es prosaica, pero no por ello menos interesante.


Drake Maye no tuvo oportunidad. Ni pudo, ni supo mostrar la luz que lleva dentro, que esperemos no se malogre tras esta debacle. Hubo ya en los minutos de la basura, con todo decidido, un tiroteo que mejoró sus estadísticas, tanto para bien, como para mal. Aunque notorio es que hay una perla.


Obviaré decir que es joven y que es segura su presencia en otro Super Sunday, porque eso no es cierto. Solo cuatro QBs han ganado un Lombardi tras perder su primera final. La mayoría ni vuelve, como le ocurrió al gran Dan Marino en similares circunstancias.


Seattle ha construido un equipo fuerte, equilibrado, adaptable y embustero. Jugó a lo que está en boga hoy en día: defensas de cobertura zonales pobladas, con frentes defensivos escasos, pero potentes y eficientes al máximo. La cuadratura del círculo, la excepción a la teoría de la manta corta. Eso, unido a un juego de carrera brioso, poderoso, numeroso, que permite a un QB, que no tiene que ser élite, conseguir su sitio en el Olimpo si tiene buena compañía aérea.


Sam Darnold fue el caballero templado y eficiente que no cometió nunca errores, que supo estar cuando tenía que hacerlo, y ceder el protagonismo cuando tocaba. Olvido, confianza, adaptación y superación son los ingredientes de su receta. Su historia de redención, ¿qué quieren que les diga? resuena en mi cabeza así: "Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir".

 
 
 

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