Cuando Fuimos los Primeros
- tbradgarner
- 17 feb
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(Publicado originalmente en La Nueva España el 25/11/2025)
Decía Lord Byron que todos los que quieran alcanzar la felicidad deben compartirla. A su vez, un eterno joven Brad Pitt, como el vampiro Louis, comentaba que el tiempo puede pasar muy deprisa para los mortales cuando son felices. Ambas frases se ajustan como anillo al dedo para describir lo vivido en Madrid el último fin de semana, tras el paso huracanado del primer partido de la NFL en España. El amor compartido por un deporte, duro y bello a partes iguales, estuvo suspendido en el aire de la vieja villa y corte.
El duelo entre los Washington Commanders y los Miami Dolphins, que ejercían de locales, consiguió situar a Madrid como capital del deporte mundial por unas horas. Las emociones, la pura alegría de compartir una pasión común por gentes diversas, de lugares distantes y contextos dispares, recorrieron la ciudad como corriente eléctrica. Nunca volverá a ser lo mismo. Será un antes y un después.
El Mago de Oz
No se me ocurre una mejor analogía para lo sucedido que recordar la película "El Mago de Oz". Judy Garland y su inseparable "Totó" llevan una vida sencilla y monótona, en blanco y negro, en una granja en Kansas. De repente se desata un tornado, y la casa, con Dorothy y el perro, son transportados a un mundo de fantasía, en Technicolor, lleno de colores brillantes y alegres, donde deben seguir el camino de baldosas amarillas en algún lugar sobre el arco iris.
Ese huracán que es la NFL, cual mano gigante divina, arrancó de cuajo la otoñal capital española, trasladándonos a todos junto a ella, a la veraniega y tropical Miami, la de los colores pastel que vemos en CSI. Vivimos durante unos días en pleno Disneyworld, tintado por las 32 mareas cromáticas de cada una de las franquicias de la liga, como un ejército imperial moviéndose, lleno de los estandartes y emblemas de las distintas naciones que lo integran arrasando a su paso con todo, desde los artículos en la tienda de la liga, hasta la cerveza en los pubs irlandeses.
Uno iba paseando por Gran Vía, llegaba a Plaza España y podía encontrarse mágicamente, como quien no quiere la cosa, allí, a la figura totémica del quarterback (QB) Dan Marino, mito viviente de los Dolphins y de la NFL, uno de los mejores de la Historia, exponente claro del pasador puro, del pocket passer.

Poco más tarde, uno entraba en la Chiefs House, en una planta de un hotel de Gran Vía y, de repente, se encontraba con las charlas que daban el exjugador de Kansas City Chiefs Dante Hall junto con la leyenda del baloncesto femenino Amaya Valdemoro.
La mentalidad y el sacrificio necesario para jugar en esta liga, y en el deporte de élite en general, era el tema principal. Los afortunados visitantes, en familia, en la distancia corta, escuchaban asombrados por tener semejante oportunidad.
La dureza es extrema en el football, la exigencia física y psicológica que sufren los atletas los destroza y exprime. Llegar a la cima del deporte de élite precisa de una preparación que roza lo obsesivo, acompañada del combustible de la pasión y de un ancla, la ayuda y guía de algún faro que enseñe el buen rumbo. Hall descubrió su propio lema y receta, las 5 Ps (“proper preparation prevents poor performance”): una preparación adecuada evita un mal rendimiento. Trabaja como un maniaco en tus entrenos, hasta que juegues como nunca has jugado antes.
Así pasaron los días previos, recorriendo el camino de baldosas amarillas, encontrando por el sendero a personajes que nos alumbraban y daban calor y color, juntándonos todos en el camino de Oz, en plena Castellana.
Y el domingo más esperado acabó llegando. La lluvia que nos había anegado el fin de semana cual tormenta tropical se hincó de rodillas. El Santiago Bernabéu nos esperaba. El impacto de cruzar el umbral del vomitorio para ver el campo fue extraordinario, uno se veía reflejado en el asombro que siente Russell Crowe cuando entra en el Coliseo. La apariencia del viejo y vertical Chamartín convertido en estadio de football quita el aliento. Las pinturas en las endzones, el emparrilado coronado por los goal posts, el marcador 360 y el techo cubierto dejaba con la boca literalmente abierta, sin palabras. Un sueño hecho realidad.
La presentación del partido vino acompañado del tradicional homenaje litúrgico a ambas banderas e himnos. Daba igual de qué país fuera uno, el respeto estricto, tan anglosajón, como se puede comprobar también en el rugby, unido a la emoción del momento, donde destacó el homenaje a la UME., ponía la piel de gallina y nos conducían inexorablemente al inicio del partido.
El tiempo se ralentizó y se paró por un momento: el saque inicial, el kickoff. A medida que avanza el pateador, el kicker, las estrellas fugaces de los flashes aparecían de cada rincón de las gradas para morir al instante, como los reflejos del sol radiante en la superficie ondulante oceánica.

Una batalla de tanques
Nada más comenzar fuimos conscientes de que el partido iba a ser muy físico. Miami se disponía en formaciones cerradas y pesadas desde el comienzo. El objetivo, aplastar a la renqueante defensa de Washington llena de ausentes por lesión, pareciéndose a una batalla de tanques.
En el football las líneas, la ofensiva (OL) con 5 jugadores, y la defensiva (DL), forman las trincheras, y se enfrentan en la línea de scrimmage (LOS). Es uno de los fundamentos del football. Si éstas fallan, ningún ataque ni ninguna defensa puede operar. Miami añadió un sexto liniero ofensivo casi todo el encuentro, la formación Jumbo fue la protagonista en el ataque. Y así posibilitó un potente y consistente juego de carrera, con aparente y falsa sencillez.
Si corres, haces que la defensa se acerque a la LOS, dejando hueco a su espalda, para así, en el momento oportuno, soltar un zarpazo, el pase. Era el plan de Miami. En el football la teoría de la manta corta se cumple siempre. Once jugadores no son capaces de cubrir el campo, tapando la carrera y el pase a la vez.
De esta manera comenzó el choque. Mucho movimiento y cuantiosos bloqueos creando los pasillos adecuados para el corredor Achane, que arrancó como un cohete. Washington, diezmado en ataque, con su QB suplente Mariota a los mandos, usó parecida estrategia por necesidad, a pesar de tener principios de ataque diferentes. El running back suplente Rodriguez tuvo un rol principal desde el comienzo.
Poco a poco Miami comenzó a soltarse, usando más a su QB, Tua Tagovailoa, sobre todo en jugadas de engaño, concretamente la famosa play action. Es una jugada donde el QB parece que le va a dar al corredor el football para que corra, el handoff, pero cuando la defensa se cierra, el QB se gira y busca el pase a la espalda de los linebackers. Así, comenzó a aparecer el receptor estrella local Jaylen Waddle.
Pero la defensa de Commanders también le iba encontrando el tono al partido. Empezó a entender lo que Miami le estaba proponiendo y se acercaba cada vez más a Tua. Aunque su ataque no tenía mucha prisa, se conformaban con avanzar. Tuvieron tanta calma que se quedaron, en el último drive de la primera parte, sin tiempo para intentar conseguir un touchdown (TD).
Los dos equipos fueron casi gemelos, espejos simétricos: con errores, probándose, estudiándose, con cautela, ganando confianza. El resultado en el descanso era de 6-6. No se habían conseguido TDs, pero habían avanzado, movido cadenas, consiguiendo sendos field goals (FGs) cada uno. Hay que destacar que Washington había fallado un tercero. Era sólo la presentación, no había estado mal, pero la gente quería más puntos, quería TDs.

La delgada línea roja
Al comenzar el tercer cuarto Washington se lo creyó por fin, se fue a por el partido. El receptor Deebo Samuel recibió un pase después de una motion de izquierda a derecha, justo cuando Mariota se dejaba envolver por la DL, con parte de la OL moviéndose al lado de Deebo, para bloquear en segundo nivel, es decir, una jugada de screen. Éstos le abrieron el camino para que, después de la recepción, recorriera con bravura las 20 yardas restantes, consiguiente el primer TD de la NFL en España. El público por fin pudo gritar a gusto, el partido se rompía definitivamente. Miami, el favorito y local, estaba por detrás 13-6, tenía que contratacar.
Lo hicieron con un brío que no se les había visto en la primera parte, siendo mucho más agresivos en el juego de pase. Rápidamente se situaron a dos yardas del TD. Miami porfió en tercer y cuarto down. Uno por tierra, otra por aire, pero dio igual. Los linebackers Luvu y Wagner sostuvieron la línea. Como las casacas rojas en Crimea, la famosa delgada línea roja. Habían conseguido frenar la potente carga turquesa al borde del precipicio.
Pero Miami no iba a parar. Tras un ataque sin mucha convicción visitante, los Dolphins consiguieron una buena posición de campo y, esta vez sí, anotaron finalmente su primer TD. El partido estaba empatado y las apuestas habían subido de nivel. El último cuarto había ya comenzado.
En el siguiente drive el QB Mariota brilla con una carrera de 44 yardas. Tercer down en la yarda uno, parece hecho. Pero una carrera de Rodriguez es detenida por los defensores Dodson y Brooks. Un enorme "déjà vu" sobrevuela el estadio. El público grita con todas sus fuerzas. Cuarto down que se juegan los capitalinos, esto no va de chutar a palos. Jugada de pase, Zach Ertz se resbala y el football no encuentra receptor. El choque empezaba a ser especial, detener ataques prácticamente en la endzone no es nada común. El ruido en el estadio seguía ascendiendo por una pendiente constante.

Pero las tornas volverían a cambiar. Miami no avanza y despeja, patea el punt y a Sainristil, que se ha visto obligado a retornarlo tras las lesiones de los titulares, se le escapa el football. Balón suelto, fumble, una orgía de jugadores choca para hacerse con él. Finalmente, Miami la recupera, es un milagro. Faltan menos de 4 minutos para la finalización del enfrentamiento. El Bernabéu se empezaba a volver rematadamente loco, como el partido.
Los Dolphins llegan de nuevo hasta la yarda uno de los Commanders, otra vez en la frontera del bien y del mal. El drama aparece una vez más. Tercer down, jugada de carrera y con tremendo esfuerzo, los defensores Kinlaw y Wagner detienen a Achane. Cuarto down, y Miami no elige patear, se la juega, quiere el TD. Es una jugada rozando lo suicida, lo seguro es el FG. Carrera por el medio y ahora toda la DL vence a la OL de Miami, cortándoles el paso en seco. La emoción del partido sobrepasaba las expectativas de la liga. Poco más se le podía pedir a estos dos equipos.
Faltan menos de dos minutos y Washington tiene la oportunidad de finiquitar el encuentro. Tras dos buenas jugadas los Commanders, a falta de 12 segundos, pueden patear un FG para la victoria. Todo el respetable puesto en pie, el griterío es ensordecedor, si entra la patada de 56 yardas del kicker Matt Gay se acabó. Patea, el balón vuela alto…pero escorado a la derecha. No es bueno, increíble, la gente no sale de su asombro. Tercer error grave de Washington, segundo de Gay (Será despedido días más tarde. La NFL es inmisericorde, el rendimiento máximo es condición sine qua non) Nos vemos dulcemente condenados a la prórroga, al overtime.
Commanders ataca primero. Primera jugada, play action, Ertz corre una ruta hacia el interior, a la espalda de los linebackers, Mariota tarda una milésima más de lo necesario, lo suficiente para que Jack Jones lo lea e intercepte el pase. La daga en el corazón, la muerte definitiva del partido. Al fin, Miami lanza un FG de 29 yardas que está vez es bueno.
Los Dolphins respiran aliviados. Siguen vivos, con respiración asistida, pero con pulso. En el electrónico el definitivo 13-16. El último cuarto fue pura fantasía, con la inercia del choque cual veleta girando para un lado y para el otro sin parar, hasta ser tragada por el tornado.
Washington estuvo a punto de hacer saltar la banca con un esfuerzo defensivo que mereció mejor premio. Pero en el football los errores se pagan caros. Y Commanders encontró finalmente la manera de perder, como comentó el liniero ofensivo Sam Cosmi. Bobby Wagner, su compañero, el veterano y gran linebacker, dijo que había sido un largo camino para morir en la orilla, es decir, que para este viaje no hacía falta alforjas, en román paladino.

Cuando fuimos los primeros
La primera experiencia de la NFL ya está en los libros y ha mostrado toda la potencia que un partido de football puede generar. Tuvimos emoción y bravura a partes igualmente considerables.
Madrid y España han dejado huella en la NFL, y viceversa, como afirmó el comisionado de la liga Roger Goodell, confirmando que estaban emocionados y que volverían a nuestro país. Las cifras son elocuentes. El impacto económico en la capital española se estima que alcanzará los 70 millones de euros, 20 de ellos directamente en restauración y hostelería. La mitad del público vino del extranjero, la mayor parte de USA, aunque no faltaba gente de todos los rincones del globo. Un crisol de naciones y lenguas hacían del Bernabéu la babilónica y bíblica Torre de Babel.
La sensación de orfandad que dejan a su marcha es parecida a cuando acaba la Super Bowl, momento en el que hay que esperar casi siete meses para que comience de nuevo la competición. Muchos recordarán emocionados cómo 80.000 gargantas cantaron hermanados al unísono "Sweet Caroline" y "Country Roads", declarando su amor al football a los cuatro vientos.
Cuando los jugadores de ambos equipos, tras el tradicional saludo en el centro del emparrillado, al llegar el reloj a los triples ceros se arrodillaron juntos, mezclados, como muestra de respeto y unión, desde la grada, el público, revuelto también, empezaba a despertar de este hechizo maravilloso que nos había unido durante estos días irrepetibles. "Toto" y Dorothy tenían que volver a Kansas. Pero la sensación compartida es que, en años venideros, cuando los otoños nos arruguen la piel con esmero, y las canas tiñan nuestros escasos cabellos, no olvidaremos nunca, cuando fuimos los primeros.




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