Un Aleteo de Mariposa
- tbradgarner
- 18 feb
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Actualizado: hace 6 días

Ray Bradbury en 1952 publicó el relato de ciencia ficción “El ruido de un trueno”, donde un viajero temporal pisa por accidente una mariposa prehistórica. Al volver al presente descubre que el mundo ha cambiado completamente debido a ese inocente acto. Muchos recordarán el homenaje de los Simpsons.
Este relato fue la semilla del efecto mariposa y la Teoría del Caos. Como explicaba Ian Malcolm en "Parque Jurásico", que bebe de Bradbury directamente, éste trata de la imprevisibilidad en sistemas complejos ante pequeñas variaciones, que pueden parecer inocuas, pero que acaban generando enormes cambios. Ya saben, el aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas, como formuló el padre de esta teoría, Edward Lorenz, con el cuento de Bradbury en la memoria.
Este año la edición 60 de la final de la NFL, la Super Bowl LX, se disputará el próximo domingo 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara, en las inmediaciones de San Francisco, casa de los míticos 49ers. Las dos franquicias finalistas serán los Seattle Seahawks y los New England (NE) Patriots, que ya se habían visto las caras en la edición XLIX. El largo viaje de estos dos equipos hasta llegar a California se ajusta bastante a las consecuencias caóticas del aleteo de una mariposa.
Pompa y Circunstancia
La superbowl es mucho más que un partido. Aparte de la trascendencia deportiva, es un evento social y económico que marca profundamente el calendario del país de las barras y estrellas. De las 30 emisiones de TV más vistas de la historia en USA, 27 son una Super Bowl. Unos 140 millones de personas se sentarán a verla, las mismas que se calcula vieron en el país el alunizaje del "Apollo 11".
Las familias y amigos se reunirán ritualmente alrededor de la TV como si de una fiesta nacional más se tratara. Hay estímulos por doquier para todos. Los mejores anuncios del año se estrenarán durante el encuentro. Y claro, el mastodóntico concierto del descanso, el Halftime Show, que correrá a cargo de Bad Bunny, será el pico de audiencia. Siempre hay sorpresas, siempre hay que superar lo conocido. Deporte, familia, tradición, espectáculo y dinero: paquete completo. El lunes posterior, el Super Sick Monday, es el día con más ausencias laborales del año.
Es la gallina de los huevos de oro de la NFL que le permite tener impacto mediático sin parangón, un evento deportivo colosal que trasciende su propio mundo. La temporada de premios: Oscars, Grammys, Golden Globes, etc y los mejores shows están condicionados por la fecha del partido. Todo se programa alrededor de la gran estrella central del sistema solar televisivo americano.
En España ya no es tan desconocida (se emitirá en abierto en Cuatro a las 00.30 horas). A pesar de ello, todavía nos quedamos en la superficie; estos días nos asaltarán con los datos más extravagantes: desde el carísimo precio de las entradas o el del segundo por anuncio, hasta el consumo pantagruélico de comida y bebida. Pero, deportivamente hablando, fuera de todo ornato, el football en general, y la Superbowl en particular, encierra una perla que merece la pena conocer.

El Efecto Mariposa
Sitúense hace 11 años en la Super Bowl XLIX. Faltan 60 segundos para el final, 28-24 a favor de Patriots, pero con Seahawks a una carrera de una yarda de la endzone y del título. Todos saben que esto está sentenciado. Marshawn Lynch, el corredor estrella de Seattle, una auténtica bola de demolición, es el hombre destinado para la gloria.
El partido había sido espectacular, lleno de calidad, intensidad, lucha y no exento de milagros. Brady, el quarterback (QB) de NE, es leyenda, pero a pesar de sus 3 anillos, lleva casi 10 años con la miel en los labios. Ha perdido dos finales, a cuál más sorprendente, y ésta sigue ese camino. Sentado y cabizbajo, no quiere ver esta agonía.
Volvemos a la yarda del fin de mundo. Todo se ha detenido, pero el reloj sigue corriendo. El head coach (HC) de Patriots, Belichick, tan legendario como su QB, no pide el timeout que le podría dar una última oportunidad, huele algo raro en el lado contrario. Es entonces cuando reconocen al unísono lo que ocurre y se desata la tormenta. La corazonada se transforma en recuerdo, y ésta, en evidencia.
Se envían las órdenes a la defensa para que, al contrario de lo que dicta la lógica, se defienda no una jugada de carrera, sino de pase, que conocen gracias al meticuloso trabajo de investigación previo. La disposición de los receptores de Seahawks es la pista.
El football se pone en movimiento, el receptor interno bloquea a su par para que el externo entre por el pasillo interior generado. Es lo que espera Butler, que se adelanta e intercepta el pase en la goal line. Irreal. Milagro, Brady salta de alegría.

Nadie entiende nada, la jugada tenía que haber sido de carrera. Carroll esperaba el timeout de su rival, una pausa para sopesar. En lugar de eso, se encontró con que se le iba el partido y con una ejecución apresurada, muerto en un duelo psicológico al sol.
A pesar de haber ganado un Lombardi y crear una defensa dominante, The Legion of Boom, el HC cargará con este sambenito siempre y su equipo se disolverá lentamente en la oscuridad.
Los Patriots ganarán 2 anillos más; el QB incluso uno más en Tampa, hasta ser considerado el más grande. Tras su marcha, el equipo perderá su alma.
Un partido de football es una concatenación brutal de eventos. Hay unas 150 jugadas que duran unos segundos. En cada una de ellas, 11 jugadores se miden a sus contrarios y todo detalle y victoria personal es crucial. Son granos de una montaña de arena. La cantidad de historias que salen de un encuentro es incalculable.
Todo está estudiado y todo cuenta, pero recuerden la imprevisibilidad en sistemas complejos ante pequeñas variaciones. Los pequeños eventos que acabaron en la intercepción de Butler sacudieron la NFL, cambiaron el destino de ambas franquicias y las unió, al igual que las ató a ese instante, como si de un agujero de gusano se tratara.
Nueve años más tarde, en 24 horas, ambos HCs, Carroll y Belichick, dejaron su cargo. De nuevo, las dos franquicias unidas como en un entrelazamiento cuántico. Lo que no podíamos saber entonces era hasta qué punto.

El Origen de las Especies
Charles Darwin hubiera amado este deporte. La selección natural se deja ver en los emparrillados cada domingo. La igualdad de oportunidades está garantizada normativamente en la NFL, pero hay escasos recursos para muchas necesidades.
Cualquiera puede potencialmente ganar, aunque la ola ganadora dura un suspiro: o la aprovechas o te derriba. Para subirse a ella hay que acertar en tantos pequeños detalles que marea sólo calcularlos. La presión y competencia es enorme y cada año es un universo distinto.
Siempre habrá equipos que están en ventana de Super Bowl por haber juntado las piezas adecuadas. Todos los años, sin excepción, hay sorpresas, pero también certezas. Pues bien, esta temporada ha sido, insólitamente, la excepción.
Los viejos dinosaurios se fueron extinguiendo uno a uno. Se fueron abriendo camino pequeños roedores que nadie había querido ver, con ciertas peculiaridades que, aunque algo escondidas, los podían llevar al éxito evolutivo. Es el caso de nuestros dos protagonistas.
Eso explica que esta Superbowl sea la final más improbable de todas, nunca dos equipos con tan pocas probabilidades al comienzo del año han llegado tan lejos. Esta es su historia.
El Imperio Contraataca
Los Patriots son la franquicia más exitosa de la era moderna. Juntaron dos dinastías seguidas (la intercepción de Butler fue el nexo de ambas) que abarcaron las dos primeras décadas del siglo. Con un denominador común, la pareja Brady y Belichick. Antes de ellos no eran nadie.
Su ausencia sumió durante unos años a la franquicia en la zozobra. Dieron palos de ciego, hasta que, bajo el radar, volvieron a la senda correcta. La fórmula la tenían en su interior. Era la filosofía de Belichick resumida en su lema "Do Your Job", que envuelve sacrificio, disciplina, responsabilidad, mérito y humildad. Tenían que conseguir a alguien que la hubiera metabolizado.
Tras numerosos errores y temporadas horrendas, decidieron contratar este año al HC Mike Vrabel, defensor de la primera dinastía. Había aprendido de la mente defensiva de Belichick y triunfado entrenando a los Titans. Se trajo al coordinador ofensivo Josh McDaniels que era el que le cantaba las jugadas a Brady. Los dos lados del football de aquella dinastía estaban reunidos.
Pero entonces ya se había puesto la primera piedra. En el draft del 2024 escogieron al QB Drake Maye, chico con un físico ideal, brazo de oro, puntería e instinto. Ese año fue el rayo de esperanza de un equipo a la deriva, pero un qb rookie es una lotería.

En la NFL todo cambia, pero necesita tiempo, fundamentos y desarrollo. Los Pats decidieron hacer algo insólito respecto a la era anterior: acortar los plazos siendo muy agresivos fichando ya que disponían de un ingente margen salarial.
Con experimentados veteranos como Milton Williams o Steffon Diggs construyeron media defensa de golpe y apuntalaron el ataque. En los últimos drafts consiguieron a los líderes del equipo como el propio Maye o Christian Gonzalez, el corazón de la defensa.
NE, a principios del año, era un equipo más, del montón, sin muchas aspiraciones ni figuras, un calendario fácil, un qb de futuro y una receta antigua. Los comienzos fueron irregulares, pero de repente, todo empezó a funcionar con Drake Maye jugando en modo MVP. Se clasificaron holgadamente para playoffs donde la defensa explotó, convirtiéndose en una fuerza de la naturaleza que los ha llevado a la bahía de San Francisco. Se les achaca haber tenido un camino sencillo, pero en postseason, contra equipos potentes aunque con defectos, mostraron un potencial que les puede dar un anillo.
La Cara Oculta de la Luna
La cruz de la moneda de esta historia siempre fue la fría y húmeda Seattle. Desde esa fatídica yarda en 2015 fue cuesta abajo. El equipo decayó, su QB franquicia, Russell Wilson se fue con más pena que gloria, al igual que el arquitecto de aquel equipo, Pete Carroll.
Como NE, decidieron encontrar soluciones en casa, buscando en el manual de aquel equipo campeón, que era reconocible sobre todo por su temible defensa.
Para ello empezaron la casa por los cimientos, buscaron un entrenador con un perfil que se ajustara a esta filosofía. Eligieron al exitoso coordinador defensivo de los Ravens, Mike MacDonald, ideal para tales lides.
El general manager, John Schneider, constructor de aquella vieja plantilla, fue poniendo las bases también de ésta. En sucesivos drafts encontraron a sus referencias: Devon Witherspoon, el alma de la defensa y Jaxon Smith-Njigba (JSN), el mejor receptor de la liga este año.

La necesidad de mejora constante obliga frecuentemente a desprenderse de los jugadores más queridos en pos de un bien mayor. Las salidas de viejos héroes posibilitaron incorporaciones cruciales como Leonard Williams en defensa, o el que puede ser el protagonista del partido y del año, el veterano QB Sam Darnold.
En septiembre Seattle era un equipo competitivo, ascendente, pero ubicado en una división complicada y con muchas incógnitas. Para nada eran favoritos, escondidos, en la sombra, alejados del foco. Pronto todas las piezas encajaron en ataque y defensa, siendo un contendiente serio cuando llegó el invierno, venciendo su división y siendo la mejor franquicia de la conferencia, dejando de estar en la cara oculta de la Luna.
Dos equipos que comparten un pasado que moldeó sus destinos y un camino meteórico de vuelta. Ahora se vuelven a enfrentar, once años después, trenzados, inseparables.
La Gran Final
La tendencia estratégica de la liga está en perpetuo movimiento. Como las artes, las modas y los gustos, también es cíclica. Los ataques y las defensas se mueven entrecruzadas como el yin y el yang, De una liga de pase, vertical, donde todo orbitaba alrededor del QB, las defensas recularon y taparon huecos. Como los picos de los pinzones de las Galápagos, apareció entonces, como antaño, un juego de carrera musculado, dispuesto a aprovechar su momento, obligando a la retrasada defensa a no olvidar su frente.
El engaño es la principal arma de cualquier equipo. Tu disposición en el campo antes del snap, del inicio de la jugada, será una, para cambiar después. Merece la pena que se fijen en los movimientos pre y postsnap a ambos lados del football, es como un vals. El objetivo es sorprender y confundir al adversario.
La defensa de Seattle defenderá en zona, pero está llena de sorpresas, con jugadores camaleónicos, indescifrables. Apunten un nombre: Nick Emmanwori. Son todo un enigma. Querrán que la solución que encuentre Maye en su cabeza no sea la correcta, porque como dé en el blanco, su brazo, su precisión y su físico le hacen ser un arma casi perfecta, tanto pasando, como corriendo. Aunque es muy joven, un QB de segundo año. Pero Tom Brady lo era uno cuando se plantó en su primer Super Sunday…y el resto es Historia.
El ataque aéreo de McDaniels, explosivo, puede ser considerado de los mejores de la liga, mientras que la defensa de Macdonald, apodada por algo The Dark Side, quizás, la más completa. Un enfrentamiento esperadísimo. Pero el otro lado del partido no le va a la zaga, pudiendo incluso ser más dramático.

La defensa de Vrabel tenderá más hacia la cobertura al hombre. Será física, directa, y agresiva, pero eso no quiere decir que llegue por donde uno se la espera. Usarán su principal arma, el blitz, la caza del QB usando hombres desde rincones remotos. En playoffs han aumentado su uso de manera exponencial consiguiendo un rendimiento increíble. Atosigarán a Darnold sin descanso tratando que vea fantasmas. Es aquí donde puede estar el partido.
Pero Sam tendrá ayuda, la carrera de los Seahawks es exuberante con un acrobático Kenneth Walker III jugando sus mejores minutos, escoltado por formaciones pesadas que intentarán aliviar la carga del QB. Su coordinador ofensivo, Klint Kubiak, de estirpe y árbol noble, ha encontrado soluciones con disposiciones imaginativas, sobre todo de JSN, su mejor jugador.
Darnold sufre cuando se le presiona. Tiende a no ver a sus receptores abiertos, a lanzar intercepciones. Su temporada ha sido excepcional, muy regular…pero de vez en cuando se le apagan los plomos…y es el fin.
Pero ha exorcizado demonios. Venció a su némesis, los Rams, en la Final de Conferencia. De la mejor manera posible: presionado, pero aún así perfecto
Veterano, desechado y olvidado, se agarró con uñas y dientes al tren de la liga para no caerse de él. Volvió, triunfó, cayó de nuevo, se levantó, y aquí está, a un partido del anillo.
Es Cinderella Man, la historia de cuento de hadas, la historia del año posiblemente, pero con una advertencia: si dan las doce, la carroza se convertirá en calabaza.

El Tornado
Una Super Bowl nunca suele defraudar. Es inabarcable, larga y emocionante. Gane quien gane, ojalá sea en la última jugada, como tantas otras veces. No hay nada como un último drive, dos minutos para que el reloj expire, y el football en las manos del QB que necesita anotar.
Y no sólo eso, avanza, despacio, yarda a yarda. La tensión es insoportable, el ruido ensordecedor. Mientras se acerca a su destino, ese QB, el que posee eso que los demás ansían, aparecerá más tranquilo, confiado, frío en medio de un río de lava volcánica.
A falta de unos segundos, con la meta a su alcance, después de amontonar tantos pequeños detalles, el tiempo se detendrá por completo ante el desenlace imprevisible, donde en 2015, el pequeño aleteo de una mariposa causó un tornado que unió la fortuna de estas dos franquicias.




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